viernes, 23 de marzo de 2012

La felicidad de parar de correr: tómate un buen café!



Me levanto tambaleante y legañosa, nunca he sido de empezar el día a pleno rendimiento. Necesito mi tiempo, arrastrar un poco los pies, volver a la vida poco a poco dejando atrás una noche de sueños encadenados sin demasiado sentido (a no ser que los analice). Mientras amanece el día en mí, los sueños van diluyéndose en el olvido. Pero la vida moderna de los padres y los trabajadores, sobretodo en la gran ciudad, no tiene piedad con los que somos de despertar lento. La prisa lo invade todo. 

Corro para vestir los niños. Me visto a toda prisa sin pensar demasiado... En estos momentos es cuando me digo que la gente con armarios monocromos y neutros acierta mejor que yo con mis colores tutifruti, Desigual y Custo's. Mientras pienso esto corro a hacer el desayuno: niños, marido, mi café. Hecho de menos mis desayunos tranquilos en que el telediario y los titulares en Google Reader o Twitter me van despertando junto al café con leche y el pan tostado con tomate. Es como desperezar la conciencia, despertar al mundo con los horrores del mundo y la indignación ante las políticas. De todos modos, es siempre un poco más de lo mismo y una se ha ido impermeabilizando con los años. Aunque en días sensibles en que he llorado viendo romperse una pata a un caballo (¡¡prometo que es cierto!!) paso directamente a la sección del tiempo, los chistes, las cartas al director, las entrevistas interesantes como La Contra de La Vamguardia o directamente a la radio fórmula musical para conservar el buen humor. Pero divago, porque eso era antes de ser madre y que las prisas se multiplicaran exponencialmente.

Así que corro para lavar, peinar y poner chaquetas a los peques. La cocina la recogeremos luego, parece un campo de batalla muy sucio pero si le das la espalda y no miras... Corazón que no ve...



Niños en la guardería. Marido trabajando. Antes de empezar mi propia jornada laboral, tengo recados que hacer. Corro porque no quiero que me pille el tiempo sin haberlos hecho y sin haber cumplido con mi trabajo. Y mientras corro repaso mentalmente la lista de tareas: banco, recoger resultados del análisis, cambiar las zapatillas que son pequeñas, comprar fruta, verdura, carne...

Y corriendo como voy, me doy de bruces contra la puerta de cristal cerrada del primer local al que quiero acceder. Puñeta, no había calculado que abren a las 10:00h. Faltan veinte minutos... Volver hacia atrás para cargarme de compra para luego regresar y dar vueltas cargada no le parece buena opción a mi espalda (cuando puedo, la consulto).





Es entonces cuando veo una cafetería íntima, afrancesada en la decoración, con música alegre de fondo sin que esté a un volumen estridente. Huele a magdalenas caseras recién hechas y a café molido. Los diarios del día, algunas revistas interesantes y los libros clásicos que decoran el local están a disposición. Es un sueño para darse un capricho sencillo, un feliz momento de relax.

Con el café frente a mí, el sol calentándome la espalda, la música cayendo como un bálsamo y el diario delante, ya no corro. Disfruto de mi momento de pausa. De mis pensamientos y sensaciones. Me acuerdo del ritmo pausado de mi isla y de mi familia y amigos ibicencos. Del beso baboso y el "j't'aime" que mis gemelos me han lanzado entre prisas y despedidas esta mañana (hace un rato). Y pienso cuan sencilla es en realidad la felicidad.

PD: Me ha dado incluso tiempo a escribiros ésto (y me hace inmensamente feliz) y a releer el poema de Goytisolo "Palabras para Julia" que con tanta ternura dedicó a si hija y que cantantes como Ibáñez han popularizado aún más si cabe (la poesía, este poema concreto, también me conectan a la felicidad). Si os tomáis unos minutos más, aquí os lo dejo para vuestro disfrute :)

PALABRAS PARA JULIA

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.
Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.
Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Celia! no conocía el poema. Me ha gustado y me ha ayudado.
Gracias por compartirlo.

Esther

Celia Ramón Wyser dijo...

Es precioso, verdad? Me alegra que te haya gustado :)

Entradas recientes